miércoles, 14 de diciembre de 2011

Raciocinio

Mis allegado siempre me dicen que soy racional. Y es verdad que razono: que intento saber por qué pasan las cosas, por qué me siento mal y si he hecho algo que no debiera.

Pero entonces, ¿por qué me sigue doliendo tanto esta vida injusta? ¿Por qué cuando ya sé o creo (que para el caso es lo mismo) que no me merezco lo que me hacen, me sigue escociendo y la tristeza me ahoga, como si yo fuera el único responsable?

Cómo me decepciona la gente...

martes, 20 de mayo de 2008

Gris

Como dice LCA, lo que era bello ayer hoy es tan feo.
Me estoy asustando, porque siento cómo el color gris se apodera de mí de nuevo. Cuando pensaba que en mi momento actual primaba la luminosidad, ayer volvió a ceñirse sobre mí un nubarrón gris. Gris, con G.

No debo permitir que vuelva a suceder. Yo no me lo merezco y a él le infla el ego.

martes, 29 de abril de 2008

Velas

El 11 de abril estaba en Praga, con mi gran amigo Carlos, paseando por el centro histórico. Allí le dije que ese día se cumplían 11 años del día en que me presentó a Pedro, el amor de mi vida hasta este momento. Si siguiera vivo, muy posiblemente estaríamos juntos. Cada vez estoy más convencido de ello: por lo que crecimos juntos, por lo que teníamos en común, y a pesar de lo que no compartíamos. Porque en general lo compartíamos todo. Porque aprendíamos constantemente el uno del otro. Porque tras 6 años de amor nos seguíamos queriendo: nos queríamos más y nos alimentábamos sin cesar. Seguro que habríamos pasado épocas separados físicamente, o incluso tal vez emocionalmente, quién sabe. Pero lo nuestro era muy firme. No estábamos hechos el uno para el otro, pero sí nos hicimos el uno al otro hasta encajar del todo. Sin dudar lo digo.


Pero murió.


Hoy he pensado que hace años que no hablo con él. Despúes de muerto, seguí dirigiéndome a él como si estuviese aquí, o como si yo creyese en el Cielo o los espíritus. No creía en todo eso, ni siquiera entonces, pero me ayudaba mucho decirle lo que pensaba y sentía sobre él. Supongo que digerí todo mejor gracias a esta terapia autoimpuesta. Es una pena que ya no le tenga, ni tan solo de esa manera etérea, para darme fuerzas. Pero entiendo que es así porque ya consigo impulsarme con otros apoyos, más terrenales, más reales. Su espíritu ya no me acompaña para escucharme. Ha sido un segundo adiós.


Pero no le he olvidado, y nunca podré ni querré hacerlo.


Ayer hizo 5 años que murió. Pero no se lo dije a nadie. Prefiero conmemorar su vida. Por eso pongo una vela en su cumpleaños, el 4 de septiembre. Siempre me gustó esa ceremonia litúrgica. No es necesario tener creencias religiosas: encender una vela y concentrarte en alguien es hermoso y da paz. Ahora creo que en Praga deberíamos haber puesto, Carlos y yo, una vela en aquella iglesia a la que entramos. Carlos, me imagino a ti y a mí juntos colocando la vela encendida en su lugar, junto a muchas otras, y abrazándonos con una mezcla de alegría y melancolía. La melancolía sería inevitable. Pero al pensar en Pedro también es inevitable la alegría. Haber conocido a un ser tan divertido, único y maravilloso es motivo de satisfacción.
Pedro en Praga. ¿Te lo imaginas? Yo le veo claramente, admirando con los ojos abiertos, como de niño, cada una de las piedras y los detalles de la ciudad. Y le oigo contándome todo lo que sabría sobre historia, geografía y arte de Chequia. Sí, parece que le oigo, con ese tono profundo y serio que a ti, Carlos, te hacía reír y que a mí me hacía sonreír y me emocionaba hasta que, en ocasiones, sentía que mi estómago se elevaba y me llevaba casi a volar, inflado de orgullo y poesía.


Este post es para mí esa vela. Pedro, te vuelvo a hablar: esto es por ti, porque te quiero.

jueves, 10 de enero de 2008

Pedro Salinas, el maestro

Dice el poeta:

No hay un amor ni un cuento
que no tengan buen fin. Y si parece
que acaban mal es porque no sabemos
contar, amar hasta el final dichoso.

Lo suscribo. Contemos el cuento como es debido, con alegría por lo que fue.

Sigue ahí

El consuelo más eficaz en estos momentos es saber que va a seguir ahí, que alguien tan especial como él no se ha esfumado dejándome con la palabra en la boca. Podemos hablar mañana, pasado, dentro de un mes, dentro de un año... Y me contará qué fue. Y redefiniré mis sentimientos sobre la base de que sigue existiendo en este mundo. Esa es una oportunidad que pocos aprecian. Sólo cuando la muerte te ha arrebatado repentinamente a tu ser amado te das cuenta de que el abandono voluntario no es el peor de los finales para una relación. Por eso, estoy feliz. Por saber que alguien tan único, noble y lleno de bondades va a seguir campando por la tierra de los vivos, unido a mí de una manera u otra.

Te quiero.

Postsentimiento

Hace tan solo unas horas, mi amor me ha dejado. Quizás nos estábamos dejando ya desde hace tiempo, pero uno no acaba de creérselo, ni de darle credibilidad a los malos augurios del alma, porque si no no podría seguir viviendo y amando. Pero aun manteniéndose en la consciente ignorancia, lo inexorable se produce. Todo acaba.

Sin embargo, pese a la tristeza que ese hecho me hace sufrir, ese determinismo pesimista me ayuda a levantar el ánimo, porque sé que con la misma certeza con la que los vínculos de amor se diluyen con el tiempo, otros se crean, y otras puertas vitales se abren. Porque siempre que elegimos un camino abandonamos otros, que quedan ahí disponibles para cuando decidamos o nos obliguen a cambiar el rumbo.

El destino en el que pensaba se acaba de truncar. Habrá que pensar en otro. Eso es lo que haré cuando se me vaya este encogimiento de estómago, este nerviosismo incontrolable que, pese a mi aparente entereza, me impide dormir o leer en la cama.

Presiento que mañana lloraré.

domingo, 6 de mayo de 2007

Insomnio

Acabo de releer la anterior entrada y me he dado cuenta de que la escribí en una fecha muy señalada para mí. Esa noche, unas horas después de escribirla, hizo 4 años justos que murió P. Esa noche ya no llegó a casa. Creo que no era consciente de eso cuando me levanté para escribir en el blog, pero aun así me pregunto: ¿será algo de él lo que me despertó?