Hace tan solo unas horas, mi amor me ha dejado. Quizás nos estábamos dejando ya desde hace tiempo, pero uno no acaba de creérselo, ni de darle credibilidad a los malos augurios del alma, porque si no no podría seguir viviendo y amando. Pero aun manteniéndose en la consciente ignorancia, lo inexorable se produce. Todo acaba.
Sin embargo, pese a la tristeza que ese hecho me hace sufrir, ese determinismo pesimista me ayuda a levantar el ánimo, porque sé que con la misma certeza con la que los vínculos de amor se diluyen con el tiempo, otros se crean, y otras puertas vitales se abren. Porque siempre que elegimos un camino abandonamos otros, que quedan ahí disponibles para cuando decidamos o nos obliguen a cambiar el rumbo.
El destino en el que pensaba se acaba de truncar. Habrá que pensar en otro. Eso es lo que haré cuando se me vaya este encogimiento de estómago, este nerviosismo incontrolable que, pese a mi aparente entereza, me impide dormir o leer en la cama.
Presiento que mañana lloraré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario